60 años después de La Revolución Sexual de Wilhem Reich
dónde el sexo era el medio de liberación individual,
de romper los límites entre lo intimo y lo privado,
los límites establecidos por los progenitores del saber estar,
del control de los impulsos, el sexo se ha convertido en el único
lenguaje humano que no requiere sinceridad y permite
al hombre actual actuar como si de una víctima de una
alienación endógena se tratara. Sin embargo reside aún en el hombre,
otros impulsos insatisfechos que llevan aún mucho más tiempo
controlados por la sociedad. Esperemos entonces, lo que toca,
la próxima Revolución humanista dónde volvamos a creer en
nosotros mismos, en la razón y la vida eterna en sintonía
con otras vidas, quién sabe, quizás extraterrestres.






