Así que hoy me puesto a ordenar. Un marrón. Realmente he sudado. En el pasillo había construido tres muros de objetos que se tambaleaban. Lo que se había de tirar, Lo de invierno que había de guardar, y Lo que iba a cáritas o a mi prima. Encima la cama, el montón de camisetas de manga corta, los sin manga, y manga larga. Luego los pantalones cortos, y los largos. Las faldas. Los pijamas: los de veranos y los de media temporada. Los gorros, bufandas, guantes, bolsos, ...
Pero yo que soy un poco inestable psicológicamente, nunca termino lo que empiezo. Y es que he sacado cosas que hacía mucho tiempo que no veía. Como unas gafas hechas con dos coladores que hicimos para el último carnaval que vivió el 'Formes', el mejor pub que ha habido en mi pueblo. Y me he sentado en el suelo con la espalda apoyada en el lateral de la cama, con mis ojos de mosca en la mano. Pensando en aquellos tiempos, en cosas que ahora me da pereza mencionar. En el primer día que entré cuando sólo tenía doce años, y en el edificio que han construido encima símbolo de la situación económica que está sufriendo este país. Nada, un ataque nostálgico de entre tantos que me pillan de vez en cuando.


