Mr. García es un hombre de ojos claros, y que habla con las manos.
Usa gafas pero las lleva siempre encastadas entre los pliegues de su frente.
Se presenta con un hola, buenas tardes y todos se le aproximan. Y es que es un hombre imán. Es un hombre poesía. Habla de todo pero no habla de nada. Y habla tanto que después eres incapaz de recordar esa frase que dijo y pensaste: que buena.
Es un hombre muy delgado, un poco encorvado. Un cuerpo sin excesos superfluos.
Y en una de sus pausas largas que no solo permiten sino que hasta obligan al resto a participar, me he acordado de mi antigua afición a dar la mano al presentarme.
Esa rutina que a todo el mundo incomodaba. Dar la mano es más porno que desnudarse delante de un millón de camioneros. Se les aprende más rápido así. Que pena que haya tanta gente que crea que dos besos son más simpáticos.
Discutamos con barro en los zapatos. Hablemos con las manos. Así habrá entre los dos alguien que no se equivoque. Razonando todos podemos ser portavoces de la razón.
Llénate los labios de suciedades. Gritemos para ventilarnos el polvo a la cara. Que sin razón terminaremos dictaminando un vencedor. Demasiadas veces ya he ganado a horribles conversadores. Doctorémonos en Filosofía del homicidio consentido. Por una vez no tengo miedo a perder.
One of us can not be wrong_Leonard Cohen
La cámara indiscreta
Veinte zapatos pisando peldaños, hacia arriba y hacia abajo. Hoy hace sol y la catedral aclama sus visitantes. Es un punto muy concurrido, por religiosos, turistas y otros. Justo en la esquina, una cámara aclama un hecho inquietante.
De repente un escarabajo busca a su amiga con señales de espejo con el reflejo de luces de un papel de caramelo.
La cámara repleta de imágenes gravadas de color, olor y suspense. Abre su zoom a ese pequeño mundo minúsculo. Qué bárbaro eso con tan grande técnica de seducción, y qué poca cosa parece al lado de todo lo que pasa alrededor.
No era una cámara muy cara, su zoom tenía límite de definición. Sólo el tiempo podía dejar ver al escarabajo de debajo del papel de color.
Luego, después de trece hurtos, tres robos con violencia, y cuatrocientos veintitrés pisotones sin detectar, el bicho sale a relucir. Y nada, nada de nada.
Y qué falta de todo. Que desánimo de imagen esa. Que sólo un bicho se crea tanto como para dejar correr la violencia indiscriminada por el mundo sin nadie que lo pare.
Hay, qué ver que cosas tan pequeñas nos hacen perder el rumbo de la vida! Y que gentuza se mueve por un barrio tan tranquilo…
Y después de veintiocho hurtos, ocho robos con violencia, y ochocientos pisotones, la gente se fue a dormir, y el rincón desolado dejó ver trescientas venticuatro hormigas muertas, un millón de chicles en el suelo y un escarabajo muerto.
Estas son esas cosas que te buscan desprevenido.
Y siempre te encuentran en cueros.
Sientes temblores e impotencia, y claro, mucho frío.
Y nada más allá, son momentos para convertirse al nudismo.

