May 4 2009

 

La condena_F.Kafka

- Usted es un perfecto lunático; eso es usted. ¡Cómo se comporta en la iglesia! ¡Qué irritante y desagradable espectáculo! ¿Cómo quiere que uno medite en calma, cuando lo ve a usted?
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No se enoje; ¿por qué se enoja por cosas que no le conciernen? Yo me enojo cuando me porto mal; pero cuando otro se porta mal, me alegro. Por eso no debe enojarse si le digo que el motivo de mi vida es ser contemplado por los demás.
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¡Qué cosas dice! Ya adivino, ya adiviné la primera vez que lo vi, en qué estado se encuentra usted. Tengo cierta experiencia y no bromeo cuando le digo que eso es un mareo en tierra firme. Es una condición en que uno se olvida del verdadero nombre de las cosas y con la prisa les pone nombres momentáneos y arbitrarios. ¡Rápido, rápido! Pero apenas se aleja de ellas, se olvida de los nombres que puso. El álamo del campo, que usted llamó “Torre de Babel”, porque no sabía o no quería saber que era un álamo, se estremece de pronto innominado y usted se ve obligado a llamarlo “Noé, cuando estaba ebrio”.
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Me alegro de no haber entendido lo que acaba de decir.
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Por eso mismo, porque se alegra, demuestra que lo ha entendido.
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Naturalmente que lo demuestro, estimado señor; pero es indudable que sus palabras fueron bastante singulares.
(…) No hubo nunca época alguna en que pudiera convencerme por mis propios medios de mi existencia. Tengo por lo tanto una conciencia tan fugitiva de los objetos que me rodean que siempre creo que esas cosas han vivido alguna vez, pero que ahora están desapareciendo.
Siempre siento el deseo, querido señor, de ver las cosas tales como son antes que yo las vea. Deben de ser muy hermosas y tranquilas. Así deben de ser, porque oigo a la gente hablar así de ellas.


May 4 2009


 Cuando piensas nombres para las cosas, éstas desaparecen’, me dije.
Así que pensé un nombre para la polifonía del tren en marcha,
También para el hombre que duerme a espasmos a dos centímetros de mí.
Y para la rusa, y el viejo al que acompaña a su pesar.
Sole. Me tapo la boca, y me viene:
Ése es mi mote. Así, yo también dejé de existir sin darme cuenta. Mi real soledad, mi ser de infancia desaparecieron para convertirse en un simple mote. No seré nada hasta que alguien me llame por mi nombre.