May
27
2009
KAIN ZENTIMETER
De un resfriado mal curado me quedé ciega de una oreja. Ahora no veo mi punto medio, y me tropiezo con todo lo que encuentro. Araño las paredes, me como los semáforos. Aunque también me rozo con manos de piel fina, y me beso con extraños en las esquinas de aceras estrechas. Me llaman borracha por mis ganas. Una cinta de costura amarilla, para medir la distancia entre los muebles de mi casa, y lo escribo en el suelo. Cotas gigantes recorren los espacios intermedios. Tengo las manos negras de manosearlo todo a mi paso. Y no me las lavo, tengo en ellas el mundo entero. No sirve de nada tener espacio vital en estas circunstancias.