
Había una vez una percha que vivía junto a muchas más perchas. De todas ellas colgaban infinidad de telas, algunas bonitas y otras asombrosamente espectaculares.
Por eso de la moda, la percha sólo procuraba sostener lo más último y original. Siempre esperando acertar con esa tela que más le encajara y le definiera. El color era muy importante, dependía de él que su belleza se realzara o no.Le costó mucho trabajo y sudor poder pagarse todo su armario, y cada mañana se encerraba en él durante cuarenta y cinco minutos buscando la prenda más acertada para su estado emocional, lugar, tiempo y estación del año.
Luego se asomaba al espejo pero cuando daba vueltas la tela se le iba volando despegándose de ella, como desesperada por poder alcanzar algún sitio donde acogerse y huir de ella, y la percha rápidamente tenía que arrimársela a sí misma cada vez que el trapo intentaba alejarse.Y vino un día soleado de esos que te sonríen, y la percha sonrió. Y pensó en irse a comprar más aguja e hilo. Se puso su ropa interior, sus medias, su camisa interior de hilo y punto, su vestido verde de cuello cerrado, y sus zapatos nuevos.
La percha salió de casa y se dispuso a gastar la suela de los zapatos. Andó durante quince minutos cuando de repente una nube se puso a llover a cántaros casi sin darle tiempo a la percha a dar un paso más. La percha mojada, sucia del barro de la lluvia no sabía qué hacer. Pero oyó algo.Una fuente. Una fuente llena de agua invitaba a la percha a lavarse. La percha vergonzosa miraba a todo alrededor una y otra vez, asegurándose de que no había presencia alguna de algún ser con ojos.
Puesto que no veía nada, empezó a quitarse los zapatos y los dejó lejos del charco que había justo debajo de la fuente. Sintió como los pies mojados y cohibidos entre las medias, pedían débiles y amoratados su liberación.Lentamente se despegó las medias que se le habían quedado pegadas a las piernas, y habían dejado en ellas una marca del dibujo del trenzado del hilo en su piel. Se miró sus pies y se dio cuenta de la gracia que tenías sus dedos al moverse.
Mientras lavaba el vestido se descubrió barro entre las uñas y se lavó fuertemente. Después se lavó los brazos y al pasar hasta al hombro se vio una cicatriz y le recordó al accidente que tuvo de pequeña. Vio su madre y su tía. Y al pato de cerámica.Se limpió la cara con las dos manos planas recorriendo cada una, una mitad de su rostro. La nariz fina, los ojos, las pestañas, las cejas. De repente se vio en el reflejo del charco y bajó sus manos por sus orejas, cuello y pecho. Se mojó el pelo y se frotó hasta quitarse toda la suciedad. Se paró un instante.
La fuente de repente se convirtió en lago, y el lago en mar. El sol reflejaba en él todos sus rayos e iluminaban la piel dorada de ese cuerpo descolgado. El vestido, las medias y las otras prendas revoloteaban en circulo encima de su cabeza danzando al ritmo del viento. Un pie se posó en el agua, y el agua se hizo mercurio. Mientras el cuerpo descubierto de esa antigua percha se alejaba flotando y rompiendo la tranquilidad del líquido en cada paso para no volver más.


Todo es más fácil cuándo se escucha The Doors una tarde de otoño de palabras intrincadas.
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tenim aixós abanduna...quesque c'est el que li pasé a la solé? quesque la vie de la Barcelone ne le deixé pas trebalier le blog?
a mi em passa algo semblant jijijijiji, ale! (Comment this)
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